Supera la procrastinación

Aprende a no dejar para mañana lo que puedes hacer hoy.


Puede que hayas oído la palabra procrastinar o procrastinador, pero ¿qué significa?

Su raíz se establece en el adverbio «cras» 'mañana, el día siguiente', lo que es un gran reflejo de su significado, que es esencialmente 'dejar para mañana, posponer, aplazar'.


En ocasiones no está mal aplazar parte de la lista de tareas para no saturarnos, las dificultades vienen cuando procrastinar se convierte en costumbre. Cuando es así y se hace de forma habitual, en ocasiones se produce una acumulación de tareas o una gran limitación de tiempo para realizarlas, que nos puede provocar estrés, ansiedad, frustración, culpa, una mala productividad, errores de ejecución, etc. Sin quererlo, añadimos a nuestra vida estresores y aumentamos la dificultad de nuestros quehaceres al imponernos una limitación de tiempo.


Pero si sabemos que no es un método adecuado de lidiar con nuestros deberes, ¿por qué recurrimos a él? ¿qué podemos hacer para no sucumbir ante la procrastinación?


Hay diversos motivos por los que las personas posponen sus tareas, te invito a buscar el que más identifiques contigo y descubrir una herramienta sencilla con la que compensarlo.


  • Si se te olvidan o escapan las fechas: Eres un poco despistado, realmente no te importa ponerte “manos en la masa” y acabar tus tareas, pero ¡Ups, ¿eso era para hoy?!


Si el problema principal es que se te pasan las fechas límite, un simple calendario bien a la vista te puede ayudar. Con un solo vistazo, tendrás la perspectiva del mes entero. Busca un lugar donde mires diariamente (por ejemplo, tu armario o la nevera) y coloca un calendario mensual (dejando un recuadro para las fechas importantes del mes siguiente. Apunta las fechas límite y consultarlo cada día, de ese modo, no se te olvidarán los plazos de entrega, citas, cumpleaños… Puedes, incluso, escoger una gama de colores para diferenciar los eventos.


Una agenda también es muy útil, pero debes fijar un momento del día para consultarla, incorporándolo en tu rutina, para comprobarla cada día y que no se te escape nada.


  • Si no sabes organizarte: No te paras a priorizar y a veces no acabas todas las tareas a tiempo.


Es muy sencillo, cuando nos enfrentamos a una lista de tareas, no todas son urgentes. Si comenzamos por una tarea cualquiera, puede que no nos de tiempo a llegar a las que tienen una fecha de entrega más cercana.

Por ello, es importante establecer una jerarquía: colocamos las tareas en una lista en base a su urgencia e importancia y avanzamos en ese orden. Debemos ser flexibles, si hay que introducir una nueva tarea o nos cambian la fecha limite de otra, se vuelve a evaluar su posición en la lista. Este es un esquema sencillo que puede ayudar a ordenar su prioridad:

  • Si lo pospones todo hasta el último momento: tienes fe en ti “yo puedo, en cuanto me ponga lo acabo en un momento”, puede que creas que la presión te ayuda a acabar las cosas o tengas la sensación de que la concentración es mayor.


El problema es que si surge cualquier inconveniente o la tarea supone más tiempo/esfuerzo del esperado, puede que no puedas acabarla a tiempo o lo hagas de una forma inadecuada. Como se suele decir, “acabarlo mal y pronto”. Para evitar esto, podemos adelantar trabajo colocando nuestras propias fechas límite. Para ello divide las tareas en subtareas, divídela en pasos y fíja una fecha límite para cada uno de ellos.


Si por ejemplo debes pintar una habitación, decide un día para escoger los tonos, otro para comprar y preparar los materiales, otro para moverlo todo/limpiar y otro para llevarlo a término. Si lo dejas para el último momento, puede el día que te vengan a ayudar te falten cosas, no te dé tiempo a apartar los muebles o no hayas tomado las decisiones oportunas. Otro buen ejemplo sería si debes estudiar 100 folios, fíjate un objetivo de 10 páginas al día durante 10 días y dos de repaso, será más ameno que “darte un atracón” a última hora.


Las tareas pesadas o demasiado largas causan desmotivación y se acaban aplazando. Dividiéndolas en subtareas tendrás la satisfacción de ver cómo avanzan y sabrás que llevas un buen ritmo, sin agobios y dejando tiempo para imprevistos gracias a tus propias “fechas límite”.


  • Si te cuesta arrancar: Una vez que te pones solucionas la tarea, pero entre los agobios piensas ¿pero por qué no me he puesto antes? ¿a qué esperaba? ¡ojalá tuviese más tiempo para esto!


Crear las fechas límite previas dividiendo en subtareas como en el caso anterior, te puede ayudar. Pero puede que durante el día lo dejes para luego, después para más tarde y al final se te pase entero sin hacer nada. Si te sientes identificado con esto, lo mejor es crear una rutina y procurar cumplirla a rajatabla.


Puedes seguir estos pasos:

  1. Planifica la semana teniendo en cuenta los días y horarios en los que no te es posible realizar la tarea. Debes organizarte para contar con el tiempo suficiente a lo largo de la semana/mes para alcanzar tu objetivo.

  2. Elige día y hora: el momento del día en el que comenzar y el rato que le vas a dedicar. Puedes adelantarte a la hora planeada si te apetece, pero no posponerla para más tarde, ni dejarlo antes del tiempo estipulado (a no ser que hayas terminado la tarea).

  3. Puedes ponerte una alarma de inicio (y otra de término), para que no se te pase sin querer.

  4. Si procuras que sea siempre el mismo horario (la misma hora todos los días o el mismo día todas las semanas) te será más sencillo incorporarlo a la rutina y con el tiempo no te costará tanto trabajo iniciar las tareas.


Si quieres dedicar tiempo a escribir, escoge un hueco para avanzar cada día o una tarde a la semana (todos los miércoles de 17:00 a 20:00). Si por ejemplo quieres hacer ejercicio pero acabas posponiéndolo at infinitum, prepara ya lo necesario, reserva los martes y jueves de 18:00 a 19:00, no hagas otros planes para esa hora, crea una alarma a las 17:30 para vestirte, etc.


Si tienes una meta, ponte un horario para cumplirla, trata de seguirlo siempre y crea una rutina.


  • Si crees que necesitas un descanso: en ocasiones la lista de tareas es interminable y por supuesto que necesitamos desconectar o tomarnos un descanso.


Esta verdad puede tener una doble cara. Si bien es cierto que no debemos quemarnos ni sobrecargar nuestras capacidades, a veces, no mirar las tareas con perspectiva y tratar de abarcarlas como un todo puede ser agotador, incluso cuando aún no has empezado con ellas. Unos consejos para no quemarnos y descansar adecuadamente son:


- Usa los consejos previos para no procrastinar: una buena organización y rutinas establecidas, pueden ayudarnos a ver las tareas más manejables, afrontarlas con menos estrés, reservar tiempo para el ocio y estar más motivados.


- Si no hay tareas “urgentes”, puedes intercalar entre las siguientes de la lista, algunas que sean más satisfactorias, rápidas o sencillas. Puede que te anime y motive, pero no pierdas de vista la lista y el tiempo que tienes para acabarla. Que la sustitución sirva para animarte, no como una nueva forma de procrastinar.


- Al igual que estableces un horario de trabajo, fija también un hueco de descanso o desconexión. La atención humana es limitada y no está mal tomarte un pequeño descanso de quince minutos, cada hora u hora y media para despejarte. Si deseas hacer descansos más largos, para recuperar energía o socializar, también puedes hacerlo siempre que tengas en cuenta el límite de tiempo que te impone la tarea.


- Para que los descansos no se te vayan de las manos, puedes usar alarmas que te avisen de su fin.


¡Pon en práctica estos consejos, sé constante y enseguida notarás los beneficios de no procrastinar!




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